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HISTORIA

Don Quijote de la Mancha.
Capítulo cuarenta y uno.

El origen del nombre de Vélez está directamente emparentado con el de Ballix (Valle), que recibía la ciudad en los tiempos de la dominación musulmana. En los alrededores se han encontrado distintos vestigios de época fenicia, púnica y romana relacionados con las ciudades de Mainake y Mainoba.


Los fenicios se asientan en nuestra costa a lo largo del s. VIII a.C. en Toscanos, Chorreras y Morro de Mezquitilla. La presencia de este pueblo navegante obedece a intereses fundamentalmente comerciales basados en el trueque de sus mercancías (especialmente exóticas) por los metales y productos agrícolas indígenas. Desde estos centros urbanos-marítimos, ubicados en antiguos estuarios, se desarrollará un importante y rápido comercio con el interior, en todas direcciones, aprovechando los puertos naturales de montaña.


En los primero momentos de la ocupación romana están explicitados en yacimientos como Cerro del Mar, antigua Mainoba, y Toscanos. Se desarrollará una sistemática explotación del medio que provocará el desarrollo de una próspera actividad comercial, agrícola y pesquera (destacando la industria de salazón, el denominado "garum", que desarrollaron los fenicios). La zona costera, por donde pasaba la denominada vía de Hércules, quedará vinculada al comercio y será donde se crearán los principales centros urbanos de Maenoba.

Los primeros vestigios históricos de la ciudad de Vélez-Málaga se relacionan con restos arqueológicos de la Edad del Hierro, pero sin solución de continuidad. Todo parece indicar que la ciudad se fundaría sobre el siglo X, teniendo como núcleo originario su fortaleza-alcazaba y su contexto inmediato del Barrio de La Villa, antigua Medina musulmana. Las características topográficas del enclave y la posterior evolución urbana, con una orografía muy accidentada, manifiestan cómo la finalidad militar fue fundamental, subordinando cualquier otro aspecto del asentamiento.

Durante los siglos XIII al XV fue una de las ciudades más importantes del reino nazarí. El aspecto que presentaba sería el de una ciudad no muy grande, bien fortificada y defendida por un importante recinto amurallado. Durante este período se registró un notable crecimiento poblacional que provocó que ésta desbordara su recinto amurallado y la consecuente configuración de distintos arrabales que coinciden en la actualidad con el barrio del Arroyo de San Sebastián y las actuales plazas de la Constitución y de San Francisco.

Entre los siglos XII y XVI nos dejan su testimonio de la ciudad y de su creciente importancia, autores como Idrisi, Abulfeda, Inb Battuta y Abd-al-Basit. "Es como la higuera de Vélez, todo el que llega cuelga su zurrón", cita del refranero granadino de Ibn Asim (13358-1426), que refleja el pensamiento que se tenía sobre Vélez en tiempo nazarí: los mejores frutos de la mejor tierra y la más cálida acogida al viajero.

Con la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos en el año 1487, la población musulmana será expulsada, estableciéndose gentes venidas del norte. Con la implantación de una nueva formación social, se intenta imponer un modelo de ciudad diametralmente opuesto al anterior, lo que trae consigo una nueva organización espacial y demográfica.

Los cristianos asentados tras la conquista mantuvieron el sistema de organización agrícola creado por los musulmanes, caracterizado por el modelo de una agricultura especializada en los frutos secos, la seda, la caña de azúcar y, desarrollaron de forma especial, la viticultura, donde alcanzan una gran importancia los caldos olorosos que se llegan a exportar a todo el norte europeo.

Así pues, la implantación del nuevo poder establecido, con sus propias necesidades y con un concepto de ciudad distinto al musulmán, trae consigo la renovación arquitectónica que se plantea, fundamentalmente, desde la ordenación de plazas públicas, edificios civiles y religiosos. En este sentido, destaca la importante presencia de la Iglesia y oacute;rdenes religiosas, que con la creación de nuevos edificios propiciaron destacadas remodelaciones espaciales, que producen cambios y transformaciones importantes.

Esta situación se potenciará con el siglo XVII, en una sacralización del espacio urbano que se evidencia en las nuevas construcciones religiosas (ciudad-convento) y actividades públicas, con un amplio programa de festividades religiosas Semana Santa, Corpus Christi, etc.). Las actuales plazas de San Francisco y, sobre todo, de la Constitución, en origen pequeñas plazas medievales, adquieren una revalorización como espacio capaz de concentrar grandes multitudes para celebraciones de carácter cívico, religioso y, simplemente, para actividades lúdicas, convirtiéndose en centros vitales y privilegiados de la ciudad hasta fechas recientes.

Con la conquista castellana de la ciudad y del Reino nazarí de Granada, desaparece la última frontera terrestre, pero ésta se desplaza hacia el mar. La costa pasa a ser un extenso espacio limítrofe con el Norte de Africa desde donde turcos y berberiscos hostigarán toda la costa andaluza. La condición costera de Vélez-Málaga favoreció que ésta se convierta temporalmente en sede de la Capitanía General de la Costa.

En el siglo XVI el vetusto sistema de defensas costeras -atalayas, torres y fortalezas- heredado de los nazaríes no fue suficiente para hacer frente a los peligros de un litoral en el que los corsarios se convirtieron en una amenaza constante. El terror de estos ataques se incrementó después de la expulsión de los moriscos, al entrar en conexión éstos con los corsarios y facilitarles una más precisa información sobre el medio. Una difícil orografía y una dilatada extensión de la costa axárquica permitirá que el corso recale sin ser avistado con facilidad.

Para solventar dicho peligro, se rehacen y mejoran las fortificaciones existentes, o se crean bastiones defensivos y nuevas torres vigías, la mayoría que hoy conocemos en la costa. Se reedifica el castillo de Torre del Mar, que asume el protagonismo de aduana en la comarca.

En el transcurso de los siglos XVI, XVII y XVIII se operan transformaciones esenciales en la economía de Vélez y su comarca que explicarían el continuo crecimiento de la ciudad. La prosperidad económica de esa agricultura especializada en la explotación de la vid propiciará el desarrollo de una clase social burguesa, cada vez más enriquecida, que dejará su particular impronta en el conjunto urbano. Como es el caso de las muchas casas solariegas que se levantan entre los barrios de San Francisco y en el contexto de la Plaza de la Constitución y de las Carmelitas.

El siglo XVII representa la continuidad de la situación preexistente en la centuria anterior por el peligro de los corsarios, con continuos alardes de armas y alertas. Con Carlos III, las autoridades ilustradas consideraron fundamental la defensa de la costa frente a la rivalidad naval de Inglaterra tras la conquista de Gibraltar y por la continuidad del peligro de las incursiones piratas. Se idea un nuevo sistema de castillos, casas fuertes y baterías costeras. En esta época se crea el castillo del Marqués, con una clara función militar y defensiva de proteger la zona costera donde se ubica, con un nuevo tipo de batería costera y modelo típico de la centuria.

Hacia mediados del siglo XIX, Vélez-Málaga y su comarca registra un cierto resurgir económico tras la crisis de inicios del siglo propiciado por la Guerra de la Independencia, que se traducirá en un notable crecimiento demográfico. Pero esta expansión se vio frenada en las últimas décadas del siglo, cuando la filoxera irrumpe en Málaga en 1878, afectando a la práctica totalidad del viñedo malagueño. A esta situación escapa parte de la zona costera donde empieza a primar el cultivo de la caña de azúcar de forma industrial.



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